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El Zoo salvó a tortugas marinas que fueron extraídas de su hábitat

septiembre 2, 2020 Posted by Bienestar animal 0 thoughts on “El Zoo salvó a tortugas marinas que fueron extraídas de su hábitat”

El viernes 21 de agosto llegó al Zoológico de Quito una tortuga marina olivácea  o también conocida como golfina o “lora”, por la forma de pico que tiene su mandíbula. La entregó un joven, cuyo hermano habría recibido al animal como un regalo de parte de un amigo suyo que regresó de la playa de Tonsupa (Esmeraldas), donde fue testigo de un desove numeroso de este tipo de tortugas y extrajo a una de ellas. Al darse cuenta de la irresponsabilidad cometida y de la dificultad de mantener a una tortuga marina fuera de su hábitat, decidió acudir al Zoo.

Para atender este caso, Alejandra Recalde, veterinaria del Zoológico, explicó que recurrió a la asistencia de expertos en fauna marina, para preparar un depósito adecuado donde pueda alojarse temporalmente a la tortuga, “porque al ser marina, necesita ciertos parámetros específicos para que pueda sobrevivir fuera de su hábitat”. Fue así que la tortuga se mantuvo sumergida en un agua especial, suplementada con calcio y con características de PH y alcalinidad como las de un acuario marino. Además, suministraron oxígeno atmosférico para que el animal, de pocos días de nacido, no sufriera efectos por los 2850 metros sobre el nivel del mar en los que se encuentra Quito.

Bajo esas condiciones que permitieron mantener estable a la tortuga, las veterinarias del Zoo monitorearon constantemente la saturación de oxígeno en la sangre de la tortuga, controlaron el peso y otros indicadores de salud del animal. La temperatura del agua se mantuvo en 28°C mediante un calefactor termostato de 75W, mientras la calidad del agua estuvo garantizada con una limpieza regular que consistió en un recambio parcial que se efectuaba cada dos días. Además, la alimentación que le suministraron incluyó artemias, un diminuto crustáceo salino, camarón, calamar, corvina y alga nori, así como complejo B, un suplemento nutricional.

Alejandra Recalde comentó que este caso exigió “un cuidado de todo el tiempo, porque es difícil mantener a un animal marino en condiciones artificiales”. Y pocos días después de haber asumido esta emergencia, en vísperas de que la tortuga sea trasladada a otra institución para continuar con su rehabilitación, Aeljandra recibió, por parte de funcionarios de la Policía Ambiental, una nueva tortuga olivácea, también recién nacida. 

Fue el jueves 27 de agosto, y el acta de recepción puntualiza que el animal llegó “con un estado de consciencia alterado, sus ojos hundidos, así como marcas blancas en plastrón y pico; posiblemente son lesiones por contacto asociadas a un mal manejo”. Además, fue trasladado en un bote con agua, por lo que estuvo esforzándose por mantenerse a flote.

Pie de foto: en este recipiente llegó la segunda tortuga al Zoo

Antes de llegar al Zoológico, esta segunda tortuga estuvo en el Hospital Tueri de Fauna Silvestre de la Universidad San Francisco de Quito, donde le brindaron atención de emergencia. Según el registro clínico de esa institución, con fecha del 25 de Agosto, el animal mostró “flexibilidad adecuada y simétrica, buena condición corporal”, entre otros factores con la que la consideraron “clínicamente sana”. Igualmente, en la ficha consta que el origen de la paciente también fue Tonsupa, y que se mantuvo 5 días en agua dulce, antes de llegar a Tueri.

Un traslado urgente y de rigurosos cuidados

Debido a la necesidad de que las pacientes continúen con su rehabilitación en una localidad costera, el viernes 28 de agosto, ambas tortugas fueron trasladadas hasta el Centro de Rehabilitación de Fauna Marina, ubicado en la parroquia Salango del cantón Puerto López, en la provincia de Manabí. Érika Ortega, veterinaria del Zoo, y Gabriela Arévalo, Directora de Educación para la Conservación de esta institución, fueron las encargadas de llevarlas.

Un día antes del viaje, la primera tortuga que llegó fue sometida a un examen físico que confirmó que se encontraba estable. Entre varios aspectos, el diagnóstico detalló que el animal presentó un estado de consciencia alerta y responsivo, nado y reflejos espinales normales, posición correcta del globo ocular, ninguna alteración en piel, caparazón y plastrón, campos pulmonares y sacos aéreos limpios. 

En el caso de la segunda tortuga, Alejandra Recalde precisó que le colocó “en un contenedor diferente de la otra, con menos cantidad de agua para evitar que se ahogue por la fatiga con la que llegó”. También fue aclimatada gradualmente a la temperatura del agua del acuario implementado en el Zoo e igualmente recibió oxígeno atmosférico. La veterinaria también le suministró fluidos por vía intraósea, dextrosa y una dosis de bicarbonato, debido a un posible cuadro de acidosis por lo que fue transportada en agua. “Una vez hidratada, le asistí la alimentación a través de una sonda rígida, y de suplementos le coloqué una dosis de complejo B. Pasó alrededor de 3 horas decaída, fatigada. En la noche estuvo más estable y en la mañana estuvo mucho más activa antes del viaje”.

Con el fin de que las tortugas sean trasladadas en óptimas condiciones, ambas viajaron en contenedores resistentes, con un paño húmedo en el fondo y con agujeros suficientes para una ventilación adecuada durante un trayecto de aproximadamente 8 horas. Además, la temperatura en el transporte debía estar controlada, para que oscile en un rango entre 21°C y 27°C.  

A temperaturas inferiores a 23,9 °C se debe evitar que las tortugas juveniles (de menos de 30 centímetros de longitud recta del caparazón) se sequen durante el viaje, aplicando agua temperada con aspersor sobre el caparazón y todos los tejidos blandos, a excepción de los ojos y cualquier herida abierta. A temperaturas mayores a 24°C, mientras tanto, se requiere aplicar una capa fina de lubricante a base de agua y cubrir a la tortuga con una gasa húmeda sobre el caparazón. También fue necesario utilizar lubricante oftálmico para proteger los ojos de las tortugas, y a una capa fina de lubricante a base de agua y cubrirlas con una gasa húmeda sobre el caparazón. 

Cumplida cada una de esas indicaciones y otras establecidas en un protocolo para el transporte, las tortugas llegaron en buen estado hasta Manabí. Allí, Rubén Alemán, médico veterinario y técnico de manejo de biodiversidad en el Parque Nacional Machalilla, fue quien las recibió en el Centro de Rehabilitación de Fauna Marina del mismo parque, y del cual él es el encargado. 

Luego de hacerles una revisión básica inicial, Rubén aseguró que las pacientes llegaron en buen estado porque “las tortugas son reptiles fuertes”. Aunque manifestó que el cambio de presión atmosférica entre Quito y Puerto López podían generar algún efecto adverso en ambos individuos, comentó que la atención médica que recibieron fue clave para que llegaran en buenas condiciones.

Alemán dijo que a estas crías “les queda un largo camino para quedarse en el centro, pero bajo buenas condiciones van a ser reintroducidas”. Él estima que permanecerán al menos un año bajo su cuidado, para después evaluar su posible liberación en el océano. 

Pie de foto: Esta es una tortuga golfina adulta que se encuentra en el centro de rehabilitación, y su tamaño, que supera los 70 cm de largo, es una referencia del que pueden alcanzar las tortugas entregadas por el Zoológico.

Rubén se encargará de alimentarles y brindarles una supervisión médica permanente para que ese objetivo sea posible, ya que “toda tortuga que llega a este centro es para ser reintroducida”, a menos que las condiciones de salud del individuo no lo permitan. 

Rubén Alemán fue el gestor del Centro de Rehabilitación de Fauna Marina del Parque Nacional Machalilla, que ya funciona desde hace 10 años y es el único que existe en Ecuador. Gracias al apoyo del gobierno alemán, cuenta con infraestructura para atender a tortugas que llegan desde diversas provincias del país. Actualmente, 37 tortugas permanecen en este centro, algunas cerca de ser liberadas y otras aún en proceso de recuperación.

De acuerdo con su experiencia, Rubén aseguró que el 98% de causas de varamiento y mortalidad de tortugas tienen origen humano. Por ejemplo, debido a la presencia de basura en el mar, incontables tortugas se enredan con plásticos, cuerdas, redes de pesca y otros elementos con los que pierden extremidades o se ahogan, y en varios casos, inclusive, se comen esos desechos porque no los distinguen del verdadero alimento y así también fallecen.

Este especialista en fauna marina lamentó, además, que en Ecuador existen casos recurrentes de golpes y cortes directos que sufren las tortugas. “Muchas veces caen en redes o en anzuelos, las levantan, les golpean el cráneo y el caparazón, les cortan y luego las botan para que se mueran”, describió. Existen también casos de embarcaciones que impactan contra tortugas que toman sol en la superficie, o cuando las redes de pesca impiden que salgan a tomar aire y se asfixian.

En cuanto a crías como las que llegaron hasta el Zoo, Rubén explicó que estas muchas veces son destrozadas por carros que transitan por las playas, atacadas por perros, vulneradas por la pérdida de hábitat debido a construcciones en la costa, o extraídas como ocurrió con las pequeñas que llevamos hasta Machalilla. En definitiva, la tortuga marina es una especie más que vive amenazada por malas prácticas humanas, lo cual enciende las alarmas para que autoridades y sociedad civil apliquen medidas más efectivas que contrarresten los riesgos que enfrentan estos animales, mientras los ciudadanos tengamos más conciencia de protección de todo entorno natural que nos rodea.

Estaremos pendientes de la evolución en la recuperación de las tortugas y toda novedad la compartiremos con nuestros seguidores.

¿Quiénes cuidan de los animales silvestres?

agosto 5, 2020 Posted by Bienestar animal, Zoolidarízate 0 thoughts on “¿Quiénes cuidan de los animales silvestres?”

La crisis por la pandemia aqueja también a quienes trabajan para rescatar y proteger a los animales silvestres de la caza indiscriminada y de la tenencia ilegal. Durante la crisis sanitaria en Ecuador, varios centros de rescate animal unen sus fuerzas ante la precariedad.

Por Gabriela Arévalo y Andrés Reinoso / @Gabiare @andresreinoso

Mientras Ecuador y el mundo se mantienen en vilo por la pandemia, durante casi todo el primer semestre del 2020, en los centros de manejo de fauna y refugios de animales silvestres ecuatorianos no se ha detenido el trabajo de rescate, atención veterinaria, cuidado animal y liberación -cuando es posible- de individuos que han llegado a estos lugares.

En Quito, Cuenca y Guayaquil, donde funcionan el Zoológico de Guayllabamba, el Bioparque Amaru y el Proyecto Sacha, respectivamente, los casos de recepción de animales rescatados se acercan a los 200, solo entre enero y julio de este año.

Pese a la pandemia, los ataques a la vida silvestre continúan 

Aunque los vínculos entre el tráfico de vida silvestre y la crisis sanitaria actual son evidentes, el ataque a la fauna silvestre no ha parado. Para el Zoológico de Quito ha sido muy doloroso seguir recibiendo en medio de la pandemia animales víctimas de caza o mascotización, y ser testigos de un ataque directo a la biodiversidad a través de la compra y venta de individuos.

El primer caso atendido a inicios de la pandemia en el centro de rescate de Guayllabamba fue el de una tortuga motelo (Chelonoidis Denticulata). La persona que entregó a la tortuga la había encontrado “en la carretera desde el Oriente porque le iban a atropellar”. Luego de hallarla, intentaron mantenerla como mascota, “pero como no comía, se decidió dejarla en el Zoológico”. 

A simple vista, este caso parece no mostrar una gravedad considerable, pero explica un contexto verdaderamente preocupante: las tortugas forman parte de las especies silvestres que más llegan a la clínica y son las especies más mascotizadas, junto con loros y monos. 

El caso de la tortuga fue el primero de 26 más que se recibieron hasta el 23 de julio. También llegaron algunas variedades de tortugas como motelo, pintadilla, mordedora, taparrabo, y los diagnósticos más recurrentes al ser recibidas son recurrentes: deshidratación, decoloración de caparazón, laceraciones en diferentes partes de su cuerpo y, en ciertos casos, fracturas en placas marginales, diarrea, ausencia de miembros pélvicos, entre otras consecuencias del mal manejo y la tenencia ilegal.

Este artículo es parte de la alianza entre La Barra Espaciadora y el Zoológico de Quito

Operación del gavilán variable “Nina”

mayo 15, 2020 Posted by Bienestar animal 0 thoughts on “Operación del gavilán variable “Nina””
Una cirugía ortopédica fue necesaria para mejorar la condición del gavilán variable que llegó al Zoo en febrero. Se desconoce cuánto tiempo “Nina” vivió en un gallinero. Cuando llegó al Zoológico tenía una severa desnutrición,  parásitos y la condición de su ala estaba provocando un proceso inflamatorio crónico debido a la forma en que se encontraban posicionados sus huesos fracturados. El equipo de bienestar animal valoró, junto al especialista en ortopedia veterinaria, Holguer Altuna, la urgencia de la cirugía con el fin de aliviar el dolor y ofrecerle a esta ave la posibilidad de recuperar su movilidad.

Receptamos donaciones para cubrir la cirugía y continuar su recuperación, si quieres apoyar a “Nina” comunícate a este número 0998046563. La cirugía ha significado varios costos que incluyen honorarios del ortopedista, clavos de titanio, radiografías para el diagnóstico y planificación del procedimiento, exámenes pre-quirúrgicos para conocer el estado de salud real del paciente previo a la cirugía.

El procedimiento, de más de tres horas, consistió en reactivar los huesos fracturados retirando las porciones afectadas, para posteriormente colocar injertos de hueso y un fijador esquelético con clavos de titanio, que mantendrán inmovilizadas las estructuras mientras se forma el nuevo tejido del hueso. El ave se encontraba totalmente anestesiada en plano quirúrgico, es decir con ausencia de sensibilidad y de dolor en su cuerpo.

“En las aves adultas, el tiempo necesario para la unión de los huesos que conforman el ala (en este caso radio y ulna) es de aproximadamente 5 semanas. Durante este tiempo esperamos que su recuperación sea favorable. Para ello, mantendremos un protocolo de cuidados y manejo farmacológico que propicien la recuperación. Su carácter nervioso nos dificulta el manejo, por lo que estamos instaurando medidas para reducir al máximo los estímulos que puedan provocarle estrés y no altere la cicatrización del ala”, dijo Alejandra Recalde médica veterinaria del equipo del Zoológico.

Para el procedimiento fue necesaria la intervención de siete personas: un equipo veterinario externo conformado por un especialista en ortopedia, un médico internista, un médico anestesiólogo y las médicas veterinarias de fauna silvestre del Zoológico. La preparación del área de recuperación postquirúrgica estuvo a cargo del responsable de halconera y para el manejo y contención durante los cuidados post quirúrgicos se contó con apoyo de la bióloga del Zoológico. En 7 días el cirujano regresará al Zoológico para realizar el control post quirúrgico y se planea nuevamente una radiografía de control en 4 semanas para valorar la evolución del paciente.

Aunque sabemos que “Nina” no podrá realizar vuelos largos trabajaremos para que su recuperación le permita ejercitarse con saltos y vuelos cortos, y así poder tener una nueva oportunidad de vida. #TodasLasVidasImportan, todos los gavilanes, así como otras aves deben mantener su vida en la naturaleza. Protégelas, denuncia sí conoces casos de maltrato, venta o mascotización. Existe la creencia errónea de que los gavilanes pueden cruzarse con gallinas y así obtener gallos fuertes para ser usados en peleas, esto es un mito y una creencia terrible que provoca un sufrimiento enorme a estas aves. Esto fue lo que sucedió con esta hembra de gavilán.

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